¿El odio como velo? Culpa, deseo y goce en psicoanálisis
¿Por qué el odio puede persistir incluso cuando no parece haber una razón clara para sostenerlo? ¿Qué relación guarda con la culpa y con aquello que resulta difícil reconocer de uno mismo? Desde el psicoanálisis, el odio no se reduce a una emoción aislada: puede ponerse en relación con el deseo, la culpa y el goce.
En Temor, culpa y odio (1929), Ernest Jones aborda la relación entre estos afectos. La lectura de Jacques Lacan permite profundizar en sus implicaciones para el sujeto y en la manera en que el odio puede intervenir en su relación con el Otro.
El miedo, la culpa y el odio según Jones y Lacan

El miedo, la culpa y el odio no son afectos independientes entre sí. Su relación permite interrogar aquello que angustia al sujeto y las formas en que este responde a lo que le resulta difícil de asumir.
Desde la perspectiva psicoanalítica, no basta con identificar un afecto o buscar una causa consciente que lo explique. Se trata también de atender a la función que cumple en la posición del sujeto y a su relación con el deseo.
En el Seminario VII: La ética del psicoanálisis, Lacan aborda cuestiones fundamentales sobre el deseo, la ley y la responsabilidad subjetiva. Esta perspectiva permite pensar la culpa más allá de una valoración moral de los actos y preguntarse por su relación con el deseo inconsciente.
Las distintas formas de la culpa
La culpa no siempre aparece de la misma manera ni responde necesariamente a una transgresión reconocible. Puede presentarse de forma consciente, pero también puede persistir sin que el sujeto encuentre una explicación clara para ella.
La distinción entre lo egosintónico y lo egodistónico permite interrogar la relación del sujeto con sus pensamientos y afectos: aquello que experimenta como propio y aquello que, por el contrario, le resulta extraño, incómodo o difícil de aceptar.
Desde el psicoanálisis, la cuestión no consiste únicamente en eliminar la culpa, sino en explorar qué lugar ocupa en la economía subjetiva y cómo se articula con el deseo, la prohibición y el superyó.
El odio y la relación con el Otro
El odio puede dirigirse hacia otra persona, pero también puede adquirir una función en la manera en que el sujeto se relaciona con el Otro. En este sentido, no se trata solamente de una reacción frente a alguien, sino de una posición que merece ser interrogada.
La referencia a la aphanisis permite situar la cuestión de la desaparición o el desvanecimiento del sujeto en relación con el deseo. El odio, la culpa y el temor pueden pensarse, así, en el marco de las dificultades que atraviesan la relación del sujeto con su deseo y con el Otro.
Michel Silvestre, en su trabajo psicoanalítico, ofrece elementos para profundizar en estas cuestiones. La orientación lacaniana invita a no dar por sentado el sentido del odio, sino a examinar cómo se manifiesta y qué función puede cumplir para cada sujeto.
El odio a Dios: el superyó, la prohibición y el goce
La relación con Dios permite plantear de manera particular la articulación entre el odio, la ley y el superyó. La figura de un Otro que ordena, prohíbe o exige puede ponerse en relación con las formas en que el sujeto experimenta la culpa y la obligación.
En el Seminario XX: Aún, Lacan introduce el término hainamoration, que condensa la relación entre el amor y el odio. Esta noción permite pensar que ambos afectos no siempre se excluyen, sino que pueden encontrarse estrechamente vinculados.
La referencia al padre, tanto en su dimensión imaginaria como en su relación con lo real, permite interrogar la función de la prohibición y sus efectos subjetivos. El superyó no se limita a prohibir: también puede manifestarse como una exigencia que empuja al sujeto y lo confronta con una forma paradójica de goce.
Las referencias a Empédocles y Lutero permiten situar, desde distintas tradiciones, la complejidad de la relación entre el amor, el odio y lo divino. En la orientación lacaniana, estas cuestiones conducen a interrogar la relación del sujeto con el goce y con aquello que no puede reducirse a una explicación consciente.
¿Qué puede aportar el psicoanálisis a la comprensión del odio y la culpa?
El psicoanálisis no pretende ofrecer una explicación universal del odio ni reducir la culpa a una única causa. Propone escuchar cómo estos afectos aparecen en la historia y en las palabras de cada sujeto, atendiendo a las contradicciones y preguntas que suscitan.
En un análisis, el odio y la culpa pueden convertirse en puntos de partida para explorar la relación con el deseo, con el Otro y con aquello que insiste más allá de la voluntad consciente. No se trata de juzgar estos afectos ni de imponerles un significado, sino de abrir la posibilidad de que el sujeto encuentre una relación diferente con ellos.
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